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Intimidad Con El Rey Del Reino
 
 
“Jesús subió a un monte y llamó a los que Él quiso, y ellos se reunieron con Él. A doce de estos los designó para que estuvieran con Él…” (Mr.3:13-14)
 
Estamos finalizando un año y, seguramente nos detenemos a tratar de visualizar el próximo año “hacia donde vamos”. Le pido a Dios que me ponga delante de su ventana para ver hacia adelante según su corazón. Siento que esa ventana es aquella oración que se encuentra en Marcos 3:13-14.

A) Jesús dijo: “SEPARADOS DE MÍ USTEDES NADA PUEDEN HACER”. (Jn.15:5). Esa es la primera razón por la que necesitamos intimidad con Él. Recordemos que fuimos creados para funcionar “enchufados” a Él. Nuestra vida debe tener contacto directo con la fuente de la energía. Intentar hacer algo sin estar “enchufados” a Él, no sólo que es inútil, sino que, además es ridículo… tan ridículo como reclamar a la Empresa de Energía Eléctrica el mal funcionamiento de un aparato electrónico cuando no lo hemos encendido.


 
Es decir, la corriente puede estar llegando al aparato, pero si el “switch” no se ha encendido, no se cierra el circuito y el aparato nunca funcionará, a pesar de que una poderosa usina está en pleno funcionamiento. De la misma forma, Dios nos dice: “Mi usina celestial, todo mi poder, es enviado a ti, ¡pero no cierras el circuito! ¡Si no tienes intimidad conmigo, no funcionarás!”.

B) El sabio autor de los Proverbios dijo que “al hombre le toca hacer planes, y a Dios dirigir sus pasos”. (16:9).   Esta es la segunda razón por la que necesitamos intimidad con Él. Es decir, aunque tengas tu vida consagrada al ministerio de su Reino, tu mente planeará, pero de Él es la última palabra. Debe haber sobrados casos como ejemplo de esto. Planificamos nuestros ministerios, pero luego no funcionan porque no nos encomendamos a la dirección final del Señor.

Es cierto que hemos recibido la mente de Cristo (1.Co. 2:16), y podemos pensar como Él –contrariamente a lo que siempre se enseñó de que “no podemos conocer sus caminos”--. Al margen, cuando Dios dice que  “Sus caminos y sus pensamientos no son los nuestros”. (Is. 55), le está hablando al impío, a aquel que debe buscarlo mientras pueda ser hallado.
  Es cierto que podemos conocer el corazón de Dios, porque la promesa de su nuevo pacto es que no hará nada sin hacérselo saber a sus siervos.

C) “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este

es el primero y grande mandamiento” (Mt. 22:37-38). Esta es la tercera razón por la que necesitamos intimidad con Él. Porque es el primer mandamiento y el más importante. Nos guste o no, la obediencia es la puerta a la bendición. Aunque no lo entendamos, así debe ser. De hecho, no fuimos llamados a entender sino a obedecer.

Quizá algunas cosas las entendamos cuando maduremos, como el niño que solo entenderá cuando crezca porque su papá le dice: “No metas el dedo en el enchufe”. El niño no puede comprender que por allí pasan 220 voltios de corriente alterna, ¡pero si vida depende de que obedezca! De la misma forma, aunque no entendamos porqué, debemos buscar el rostro de Dios cada día, ¡nuestra vida depende de ello!

La intimidad con Él me lleva a una constante necesidad de cumplir con sus deseos.


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